Todo perro ha de saber:
mamar con arte y pasión la verga de su Macho Dominante.
Mucha saliva, lengua ágil que rodee el glande, que lo aplaste contra el paladar,
que se ponga rígida y con la punta afilada empuje el agujero del meato y lo fuerce,
una succión instintiva como la del cachorro exigiéndole leche a la teta.
Olvidarse que es indispensable respirar para vivir,
lo indispensable y vital es hundir esa verga en la garganta.
Forzar los músculos de tragar para que aflojen y aprieten con una caricia cálida y húmeda.


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