Para iniciarse en los placeres del dolor y la sumisión,
un joven cachorro debe ponerse en manos de un Master experto,
conocedor de los puntos sensibles y de las dosis de intensidad de tortura necesaria para conseguir los efectos deseados.
Ese Master lo irá introduciéndo de a poco,
pero sin clemencia,
hasta conseguir que el cachorro inexperto se convierta en un perro complaciente
para el Amo más sádico y salido que lo vaya a dominar.











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